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by SOUL TRIPS

Mudarse por un sueño

December 6, 2017

En 2011, después de 4 años y medio estudiando en la universidad tomé la decisión de abandonar todos mis planes para perseguir la carrera de actuación. Una movida que yo mismo puedo calificar de radical pero que vendría acompañada de otra igualmente jacobina (extrema en cristiano) Mudarme de país… otra vez.

                                   

Mi nombre es Ricardo Díaz-Guillén y no sería la primera vez que empaco todos mis tiliches, motetes y cajetas para mudarme a horas y kilómetros de distancia de lo que por años considere mi hogar. Aunque cuento con más de una nacionalidad, toda mi vida me he considerado panameño.  Pero pese a mi amor por la patria, la búsqueda de mejores oportunidades me llevó a México (otra de mis nacionalidades) donde pasé los 4 años y medio que mencioné antes, estudiando una carrera que para los que ven el vaso medio vacío, NO tiene nada que ver con ser actor. Yo me atrevo a discrepar ya que considero que toda experiencia en la vida llena la bolsa del artista.

  

 

En este artículo de dos partes me enfocaré en lo que significó el cambio de México a Estados Unidos, tomando como “norte” la decisión de mudarse por perseguir un sueño personal. Estoy seguro que es una experiencia completamente diferente a mudarse por necesidades más trascendentales (Huir de la violencia, sustentabilidad familiar, etc.)

 

Mi primera mudanza fue de Monterrey, México, a Boston, Massachusetts. (Debo confesar que aún tengo que buscar en internet como deletrear Massachusetts. Dato curioso: Esa palabra no está en Inglés)

 

Primer contraste.

Nieve, toneladas de nieve…

 

Pregúntale a cualquiera que haya estado en invierno en la costa este de los Estados Unidos y estoy seguro que te dirá que la nieve pierde su encanto después de una semana. No me mal interpretes, es un fenómeno hermoso, aún más si creciste en el trópico decorando tu casa de una “blanca navidad”. Pero ¡OH! ¡CLARO que puede haber demasiado de algo bueno!

 

Segundo contraste. La comida. No entraré en las subjetividad que pueda haber entre la sazón de un país vs el otro. Es en otro aspecto en que me quiero enfocar. Porciones.  Aún recuerdo entrar a un lindo restaurant-bar y ver que en el menú te daban la opción entre porciones chicas y grandes (olvídate del mediano) y yo presumiendo de tener buen apetito elegí la porción grande. Mi cara, cuando llego la comida a la mesa debió haber sido tal que la mesera con una sonrisa de oreja a oreja me dijo: Bienvenido a América. Es cierto que no en todas partes las porciones son inmensas pero por lo general lo son. 

 

Es en este punto (Después de haber escrito sobre clima y comida) donde quiero hacer énfasis en un eslabón importante. Cualquiera que sepa de la industria te dirá que si estás persiguiendo una carrera en la actuación, tienes poco o nada que hacer en Boston. Y no podría estar más de acuerdo. Siempre supe que mi destino final era la ciudad de Los Ángeles, California (Un estado fácil de deletrear) pero no me sentía listo. Quería mejorar mi inglés, hacer algo con respecto a mi acento. Personas tanto de México como de Panamá me han preguntado sobre la idea de venir a los Estados Unidos en busca de su sueños como actor y la siguiente pregunta que les hago después de ¿Seguro que no te ves haciendo nada mas? es ¿Qué tal esta tu inglés? No digo que sea imposible tener un inglés mediocre o regular y lograrlo aquí. Pero vaya que ayuda ser un artista de la comunicación cuando te puedes comunicar.

 

 

 

 

Lo que me lleva al tercer contraste. Personas. El choque cultural que experimenté de Panamá a México no fue tan grande. Somos culturas hermanas. Honestamente después de la gastronomía, la única otra cualidad por la que resaltaba el mexicano era el buen humor. Me parecía admirable la amabilidad, sentido servicial y camaradería del mexicano. No estoy diciendo que el panameño carezca de estas cualidades pero me atrevo a decir que el mexicano las tiene mas desarrolladas. Un ejemplo simple: Al salir del aeropuerto de la Ciudad de México para arribar al aeropuerto internacional de Panamá uno podría ver el descenso progresivo y gradual de sonrisas y amabilidad por parte de los trabajadores del estado. Me parece algo no tan descabellado de proponer que para las buenas y las malas el mexicano es intrínsecamente más feliz.

 

Al llegar a Boston el choque cultural fue mayor. En primer lugar, el bostoniano tiene un sentido de la puntualidad que honestamente nunca desarrollé en México o Panamá. Me alegro haberlo practicado antes de viajar a LA. La puntualidad lo es todo en la industria del entretenimiento. Tuve la oportunidad de conocer a jóvenes estadounidenses que acababan de salir de la preparatoria. Me parecía fascinante la cultura independiente del joven adulto de la costa este. La mayoría de mis amigos en Boston habían salido de sus casas a los 18 años y no pretendían volver o esperaban ayuda financiera de sus padres. Diferente a lo que conozco en casa. Generalmente (no siempre) los hijos e hijas solo abandonan el nido al casarse…y no siempre es la regla. A veces el nido se agranda.

 

 

Estuve dos años en Boston hasta que tuve el valor de viajar a Los Ángeles. Tardé más tiempo de lo que esperaba, pero tenía mis reservas. Boston es una ciudad pequeña comparada con el monstruo de la costa oeste. Nunca antes había estado allí y tampoco conocía un alma…. cabe añadir que tampoco tenía un plan.  Volar de costa a costa en Estados Unidos es como viajar a países completamente diferentes y sabía (porque los consejos nunca sobraron) que tendría que volver a aprender y adaptarme.

 

Pero eso es una historia para otro día...

 

 

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