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by SOUL TRIPS

Lo cotidiano de viajar

December 22, 2017

Hace unos días en una platica con amigos empezamos a hablar sobre nuestras finanzas, y en que "se nos va" dinero... porque  #millenials. 

 

Entonces me di cuenta que mis inversiones más fuertes del año han sido en viajes. Digo inversiones ya que me gusta pensar que no son un gasto. Pues por más corto que sea el viaje, siempre trae algún aprendizaje y por supuesto algún tipo de disfrute.

 

En este post no pretendo hablar precisamente de viajes y dinero, sino ir un poco más allá de lo evidente...

 

Me encanta viajar y cada vez que tengo oportunidad lo hago, sea un fin de semana o todo un mes (tal como hice este verano por Europa). Haciendo recuento de mis salidas del 2017, me di cuenta que estuve fuera al menos 2 fines de semana de cada mes. 

 

A lo que voy es, que aunque esto es una de mis pasiones y de las cosas que más disfruto, hasta cierto punto se ha vuelto algo tan cotidiano que rara vez me detengo a disfrutar el trayecto como tal, suelo enfocarme en el destino, lo que voy a hacer durante, la gente con la que voy, etc. 

 

Mis días se han vuelto

tan acelerados 

y creo que a todos

nos pasa últimamente

 

Mis días se han vuelta tan acelerados y creo que trato de perder el menor tiempo posible, para así meter la mayor cantidad de actividades en el día. ¿Suena lógico verdad? 

 

(Ya casi llego al punto central del asunto).

 

En fin, todo esto porque cuando viajo trato de elegir siempre el asiento del pasillo porque:

1. Tengo un poco más de espacio.

2. Para bajar lo más rápido posible del avión. 

 

Mientras escribo esto desde un avión hacia la Ciudad de México, me di cuenta que por un descuido  mi asiento estaba en la ventana...

 

 

 

Mi punto es que, hoy después de no sé cuanto tiempo me senté en ventanilla, y fue lo máximo. Hasta cierto punto había olvidado el gozo de observar... desde las personas de tráfico que están en las pistas del aeropuerto, hasta el camión que lleva las maletas. Había perdido esa emoción que desde niña me trae despegar. Sentir como el avión se eleva poco a poco hasta que todo en la tierra comienza a hacerse pequeñito. Ver las montañas maravillosas que atraviesan las nubes como espadas, y allá en lo alto, discreta, y aunque es de día, se ve la luna. 

 

Nos volvemos tan rutinarios, y no digo que sea algo malo, hasta cierto punto la rutina es algo necesario. Sin embargo, ya no nos detenemos a disfrutar esos detalles. Porque se vuelven tan cotidianos que los vamos dando por sentados, y entonces dejamos de sorprendernos. 

 

Moraleja: Detente un momento a disfrutar "el viaje" sea físico o espiritual, y recuerda que somos viajeros eternos.

 

 

 

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